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Desafíos de la nutrición de reproductoras pesadas: ¿Cómo optimizar la producción?

Escrito por: Vinicius Schramm
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En la avicultura moderna, la búsqueda de mejores resultados es cada vez más desafiante. Desde ese escenario, las reproductoras tienen una función económica fundamental dentro de la cadena productiva, ya que cada huevo fértil y pollito adicional genera un diferencial en el mercado actual y cada vez más competitivo.

Han surgido diversos debates en la literatura científica, específicos del nutricional. Por ejemplo, Assadi Soumeh et al. (2018) observaron una reducción en el porcentaje de producción de huevos al aumentar la proteína de la dieta.

Otro tema relevante es la calidad del emplume en las reproductoras pesadas.

En un estudio realizado por Van Emous (2011), se demostró que un ave con solo el 50% del cuerpo cubierto de plumas puede necesitar un 17% adicional de energía de mantenimiento en comparación con un ave totalmente emplumada. Mientras que un ave totalmente sin plumas puede requerir hasta un 38% más de energía, afectando de manera significativa el rendimiento productivo.

Además, las tendencias muestran que un aporte nutricional adecuado, principalmente de proteína, puede mejorar la cobertura de plumas (Van Emous et al., 2015; Cerrate et al., 2019).

En general, los requisitos nutricionales de las aves en producción pueden dividirse en tres elementos principales:

Esta división de la energía en cada fase puede observarse en el gráfico que sigue (Figura 1).

Usando como referencias las tablas brasileñas para aves y porcinos (TBAS, 2024), se observa que, al subir hacia el punto más alto de la postura, la gallina presenta un aumento de más de 100 kcal en los requerimientos energéticos, debido al incremento en la producción de huevos. Eso se observa en los gráficos comparativos de aves con 5% y con 75% de producción de huevos (Figura 2).

Los requerimientos de energía metabolizable varían según la línea genética, y el aporte de nutrientes debe estar enmarcado en esos parámetros. Sin embargo, en todos los casos, si ese aumento de nutrientes no se cubre, el ave puede perder condición corporal y, en consecuencia, comprometer todo el ciclo productivo de la gallina.

Para comprender la magnitud de este efecto, podemos hacer algunas simulaciones. Considerando que cada gramo de grasa corporal posee aproximadamente 9 kcal, calculamos los siguientes ejemplos:

Esto quiere decir que las gallinas más pesadas podrían tener una menor reserva energética, aun teniendo un mayor peso corporal y una mayor demanda de mantenimiento, lo que las hace más vulnerables a deficiencias nutricionales.

Esto se produce cuando se intenta frenar la ganancia de peso en el tercio final de la recría —justamente, la fase de mayor deposición de grasa— por medio de la restricción en el alimento.

A partir de lo mencionado, el incremento hacia el punto máximo de postura es una frase extremadamente desafiante. Cuando se le asocia a otros factores, como la restricción del espacio, la limitación del agua o el estrés por calor, los riesgos aumentan considerablemente.

Además, en reproductoras, el consumo de alimento es limitado, y cualquier desequilibrio nutricional puede generar una falta de uniformidad en el lote.

En este sentido, las gallinas reproductoras de mayor tamaño, más voraces, continúan ingiriendo el mismo volumen, pero pasan a consumir más energía. Por su parte, las de menor tamaño ingieren menos energía. Así, vemos un deterioro en el parámetro de uniformidad en el lote.

Eso queda demostrado en la tabla que sigue, en la que podemos ver que el consumo medio calculado es de 170 g, y cuando se aumenta la energía de la dieta en un 10%, se debe ajustar el consumo a 153 g.

Las gallinas de mayor tamaño, por ser más voraces, consumen más. En la simulación anterior, el consumo es de 180 g. La gallina de menor tamaño consumirá el resto del volumen del alimento.

En la dieta “estándar”, el consumo de las aves pequeñas sería de aproximadamente 160 g, mientras que en la dieta con 10% de aumento de energía, sería de solo 127 g.

Con esa brecha de consumo entre gallinas grandes y pequeñas, la diferencia de energía consumida sería de 57 kcal/día en la dieta “estándar”. En la dieta con un aumento energético del 10%, la diferencia sería de 167 kcal/día.

Teniendo en cuenta estos escenarios, es fundamental que los productores y granjeros trabajen en conjunto con los nutricionistas y especialistas en avicultura para definir estrategias que cubran las necesidades específicas de cada línea genética y ambiente. De esta manera se garantiza la obtención de los resultados de producción y de incubación de los huevos.

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