Uno de los problemas que recurrentemente afectan a los productores de pollo de carne es la presentación de fenómenos de alteración de la salud intestinal. Se han dado muchos nombres a este proceso (enteritis, disbacteriosis, permeabilidad intestinal…) dependiendo de la época en la que se han descrito.
Pero, sea cual sea la forma en la que se denomina, finalmente el proceso se produce por una alteración de la población bacteriana (disbiosis) que puede ser anterior o posterior a un proceso de inflamación del intestino (enteritis), y que finalmente produce una alteración de la permeabilidad intestinal con diarreas y/o translocación bacteriana al interior del organismo.
Hay muchos factores que pueden desencadenar el proceso (alteración de la calidad de las materias primas, ayuno, estrés por calor, presencia de micotoxinas…) pero, finalmente, el proceso se suele presentar de una forma más o menos constante en las diferentes circunstancias.
Una de las maneras de controlar este proceso es el análisis riguroso y constante del estado de las heces en las granjas, ya que estas nos van a dar una buena información sobre el desarrollo de este proceso.
Generalmente, los primeros días de vida el estado de las heces es correcto, presentando deposiciones pequeñas, sólidas y bien formadas. A veces no es sencillo poder diferenciar las deyecciones del material de cama:
Foto 1 . Heces normales
Es interesante observar que, en condiciones normales, las heces intestinales deben ir acompañadas de los depósitos de uratos (zona blanca) procedentes del sistema excretor, ya que en las aves los sistemas digestivo, excretor y reproductor coinciden en la cloaca.
Foto 2. Presencia de uratos en las heces.
Foto 2. Presencia de uratos en las heces.
Si comienza a desarrollarse una enteritis en condiciones normales lo hará a partir de los 10 o 12 días. En este caso encontraremos heces de aspecto normal, con uratos, pero ya más grandes, y con un cierto exceso de humedad. Algo aproximadamente así:
Foto 3. Heces con cierto exceso de humedad.
En cualquier caso, como vemos, las heces presentan una estructura estable y con los comentados uratos. En este momento la cama puede seguir estando en buenas condiciones, pero estamos en una primera fase de problema, que el granjero puede no valorar. A partir de los 15 a 18 días, las heces ya son objetivamente grandes y húmedas, y la cama puede comenzar a deteriorarse de forma evidente.
Como siempre hasta ahora, los depósitos de uratos siguen presentes, pero al tacto las heces ya son muy húmedas.
Foto 4. Heces más húmedas de pollos de 15 días.
Llegados a este punto, podemos encontrar también heces con exceso de mucosidad, si el intestino ha comenzado a responder a la situación con un exceso de producción de mucus, que podemos ver en las heces, como en la siguiente imagen:
Foto 5. Presencia de mucus en las heces.
- Este exceso de mucosidad viene relacionado con el aumento de la producción de mucus en el intestino para proteger a la pared del mismo.
Sobre los 20 o los 22 días el proceso ya está claramente establecido, y en este caso nos podemos encontrar en primer lugar con heces más o menos diarreicas:
Foto 6. Heces diarreicas.
Evidentemente, esto ya afecta de forma clara al estado de la cama, que en esta fase ya es francamente deficiente. Hasta este punto tenemos ya un efecto sobre los datos zootécnicos de los pollos, pero aún no excesivamente grave en términos de conversión.
El problema se agrava si encontramos ya heces con zonas anaranjadas, tal como vemos en la siguiente imagen:
Foto 7. Heces con restos anaranjados de mucosa desprendida.
Obsérvese que, en cualquier caso, aún es posible ver los depósitos de uratos.
Esta presencia de restos anaranjados no debe relacionarse con sangre, se trata más bien de descamaciones de la mucosa intestinal, que se pierde en el proceso.
Evidentemente, en esta fase ya tenemos una clara afección del índice de conversión, por una evidente pérdida de la capacidad de digestión y absorción del intestino. A veces, es posible ver muy claramente estas zonas de descamación en la superficie de las heces:
Foto 8. Restos de mucosa desprendidos en las heces.
Como consecuencia de esta pérdida de la mucosa, encontraremos heces con restos de nutrientes bien visibles en las mismas, tal como vemos:
Foto 9. Restos de nutrientes en las heces.
En esta imagen podemos ver también una zona de las heces con presencia de gases, que indican una fermentación excesiva en los tramos finales del intestino. En todo esto, debemos tener cuidado con no confundir heces intestinales con descargas de ciegos, que el animal produce de vez en cuando, siendo el aspecto completamente diferente, como vemos:
Foto 10. Ejemplo de descargas de ciegos.
Son deposiciones líquidas, de color marrón, sin resto de uratos, normalmente, y no van a afectar el estado de las camas, en condiciones normales. En la imagen, podemos ver un cierto exceso de gases en las mismas (Foto 10).
En estados finales del proceso veremos heces con todos los signos descritos o con graves diarreas:
Foto 11. Heces con grave diarrea.
Foto 12. Heces con muy grave diarrea.
Habiendo descrito los tipos de heces que podemos encontrar y su evolución en el tiempo, queda por indicar que los medios de control son más o menos eficaces en los primeros momentos del proceso (digamos hasta la fase de heces grandes y húmedas). Más allá de este punto, si ya encontramos heces anaranjadas o con alimentos sin digerir, podemos afirmar que hay una pérdida de la estructura del intestino, que en el mejor de los casos tardará algunos días en recuperarse, con el impacto evidente sobre el resultado del lote.
Evidentemente, esta evolución del aspecto y consistencia de las heces se relaciona con una evolución paralela de la situación del intestino y de su microbiota. De este modo, las primeras fases de heces consistentes y relativamente pequeñas se corresponden al periodo en que el intestino se termina de desarrollar, los equipos enzimáticos del pollo evolucionan y el sistema inmune se completa.
No hay mucho que hacer más allá de asegurar una correcta ingesta de alimento, que es la mejor forma de estimular el desarrollo intestinal. Aditivos que estimulen el consumo o el establecimiento de un tejido más eficiente serán de interés en esta fase.
La fase crítica, es en la que aún podemos aplicar medidas de corrección, se establece en el periodo de heces más grandes y más húmedas. En este caso, tenemos una indicación de un principio de enteritis, con o sin disbacteriosis, que podemos tratar de forma más o menos eficaz con aditivos antiinflamatorios, o de acción antibacteriana.
En una primera instancia, se pueden emplear productos de origen natural, bien de ácidos orgánicos o extractos de plantas/aceites esenciales.
Ante un proceso más grave, o que no responda a estos productos, necesariamente habrá que llegar al uso de antibióticos de amplio espectro, y de acción fundamentalmente intestinal. Pero hay que tener en cuenta que si se produce ya descamación de mucosa, esta acción será siempre menor.
Finalmente, si nos encontramos ya en la fase de heces con mucosa (anaranjadas), y mucho más si hay alimento sin digerir, en que nos encontramos en un momento en que ya los antibióticos tienen un efecto más limitado. En este caso, hay que buscar productos que estimulen la regeneración del epitelio perdido o reduzcan en lo posible los efectos limitantes en el crecimiento de la inflamación.
Si no hay complicaciones posteriores, normalmente las heces regresan a cierta normalidad a partir de los 30 a 35 días, pero la pérdida de crecimiento del período es difícilmente compensable con una mejor ganancia posterior.
Es por eso que una detección temprana del problema, y un tratamiento correcto en las primeras fases reducirán de modo evidente la gravedad del problema y su impacto económico, permitiendo además reducir el empleo de antibióticos, que se usan a veces indiscriminadamente para este problema, cuando su efectividad es mucho más limitada.

