El metapneumovirus aviar (aMPV), también conocido como pneumovirus aviar o virus de la rinotraqueítis del pavo (TRT), es un patógeno conocido por todos los avicultores, pero que es a menudo subestimado.
Identificado por primera vez en Sudáfrica a finales de los años setenta y presente en Europa desde los ochenta, el aMPV pertenece a la familia Pneumoviridae y se caracteriza por un tropismo marcado por el epitelio respiratorio superior de las aves, donde desencadena una cascada inflamatoria que compromete las defensas locales del tracto respiratorio.
En gallinas y pollos de engorde, es el principal agente implicado en el llamado Síndrome de Cabeza Hinchada (SHS).
Además, en gallinas ponedoras, en los trabajos de Jones (2010) y de Hafez & Eltom (2015) se demostró que la infección experimental con aMPV en gallinas en período de puesta, es capaz de inducir caída puesta entre un 10% y un 35%.
Adicionalmente, afecta a la calidad del huevo producido, aumentando el porcentaje de huevos con cáscara blanda, rugosa o con decoloración, con reducción en su grosor y de su densidad mineral, debido al tropismo del virus por el oviducto.
También favorece un aumento de la porosidad de la cáscara, lo que compromete la función barrera frente a microorganismos y favorece la deshidratación del contenido.
En pollos de engorde, la infección por aMPV puede pasar desapercibida o ser infravalorada.
No alcanza los índices de mortalidad de un brote de Enfermedad de Newcastle ni las lesiones macroscópicas evidentes de un brote de Laringotraqueítis Infecciosa, sin embargo, su impacto económico real es profundo.
Se expresa principalmente a través de dos vías: el daño directo sobre la conversión alimenticia y la ganancia media diaria, y el efecto inmunosupresor local, que abre la puerta a infecciones bacterianas secundarias.
En este último punto radica quizás la mayor relevancia clínica y económica del virus:
al destruir el epitelio ciliado de la tráquea, la tráquea y los sacos aéreos quedan expuestos a la colonización por Escherichia coli, Ornithobacterium rhinotracheale (ORT), Mycoplasma gallisepticum, Pasteurella multocida o Bordetella avium, entre otros.
El resultado es una enfermedad respiratoria crónica, con sinusitis, aerosaculitis y pericarditis que elevan la mortalidad, aumentan los decomisos en matadero y disparan el uso de antibióticos.
Precisamente, en un contexto de uso prudente y reducción de antimicrobianos en ganadería, controlar un patógeno primario como el aMPV adquiere una relevancia estratégica que va más allá de la productividad individual de la granja.
ESTUDIO DE PREVALENCIA EN EL ESTE DE ESPAÑA
RESULTADOS: UNA PREVALENCIA NOTABLE
Los datos revelan una situación que merece atención. Del total de muestras analizadas, el 28,8% resultaron seropositivas (189 de 656), mientras que a nivel de lote el porcentaje de positivos ascendió al 39% (16 de 41 lotes).
Estos datos indican una circulación activa del virus en el área de estudio durante el periodo analizado, y ponen de mani esto que una proporción signi cativa de la producción avícola se está enfrentando al desafío de campo por aMPV sin la protección debida.
Un hallazgo especialmente relevante es el patrón estacional detectado: la positividad a nivel de granja fue del 66,7% en marzo-abril, frente a solo el 17,4% en mayo-junio.
Esta diferencia es estadísticamente significativa (p < 0,001) y estaría acorde a la dinámica del virus que, como la mayoría de los agentes respiratorios aviares, se ve favorecido por las condiciones de temperatura y humedad propias del invierno tardío y la primavera temprana en el Mediterráneo.
La mayor densidad de partículas virales en aerosoles, combinada con el estrés de ventilación propio de esa época del año, explicaría en parte este patrón.
POLLO DE ENGORDE CONVENCIONAL VS. CRECIMIENTO LENTO: PERFILES DIFERENCIADOS
El análisis por tipo productivo revela dos realidades bien distintas. En los pollos de crecimiento lento, el porcentaje de granjas positivas alcanzó el 77%, una cifra llamativamente alta que probablemente refleja:
La mayor exposición ambiental de estos animales —que viven más tiempo, en condiciones de mayor contacto con el exterior y a menudo en zonas rurales con menor bioseguridad—
Y, también su ciclo productivo más largo, pudiendo el virus circular durante un período más largo y generar una respuesta serológica detectable.
El porcentaje de granjas positivas en Crecimiento Lento es del 77%
En los pollos de engorde convencionales, la prevalencia a nivel de granja fue del 28,1%, con un 19% de sueros positivos.
l porcentaje de granjas positivas en Broilers es del 28,1%
Aunque numéricamente inferior, el patrón temporal es aquí aún más marcado: en marzo la positividad alcanzó el 83% de los lotes, desplomándose hasta una media del 15% en los meses siguientes.
Este pico estacional en pollos de engorde debería poner en alerta a los equipos veterinarios de campo y a los integradores, especialmente durante este período del año.
Otro dato de interés es la relación directamente proporcional entre la edad del ave y el título serológico: a mayor edad de muestreo, mayor probabilidad de detectar anticuerpos y mayores títulos medios.
Este hallazgo es coherente con la siopatología de la enfermedad y con la cinética de anticuerpos frente al aMPV, y subraya la importancia de elegir cuidadosamente el momento de muestreo en los programas de vigilancia serológica.
CONCLUSIÓN
El estudio realizado por el CECAV proporciona, por primera vez en el este de España, una fotografía serológica rigurosa de la situación del aMPV en pollos de engorde no vacunados.
Los resultados —39% de lotes positivos, con picos de hasta el 83% en pollo de engorde convencional en marzo, y 77% en crecimiento lento— evidencian una circulación viral relevante que justifica revisar los programas sanitarios actuales.
En un contexto de reducción del uso de antibióticos y de presión sobre la rentabilidad del sector, abordar proactivamente un patógeno primario no es una opción; es una necesidad.
La vacunación frente a aMPV, las medidas de bioseguridad reforzadas en los meses de mayor riesgo y la vigilancia serológica continuada deberían ser pilares de cualquier programa sanitario avícola en la región.

