Patología Aviar

Cólera aviar: claves para su diagnóstico y control

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Lorena Redrado Gomez

Lorena Redrado Gomez

Silvia Anía Bartolomé

Silvia Anía Bartolomé

INTRODUCCIÓN

El cólera aviar, cuyo agente causal es Pasteurella multocida, es una enfermedad clásica de distribución mundial que continúa representando un desafío para el sector avícola.

Se trata de un proceso infeccioso altamente contagioso que puede afectar tanto a aves domésticas como silvestres, siendo los animales adultos los más susceptibles.

Como consecuencia, puede provocar elevadas mortalidades y disminución de las producciones, suponiendo un impacto económico significativo en las explotaciones afectadas1,2.

 

ETIOLOGÍA

Pasteurella multocida, de la familia Pasteurellaceae, es una bacteria Gram negativa que se clasifica en varias subespecies: subsp. multocida, subsp. gallicida, subsp. septica y subsp. tigris.

A excepción de esta última, todas ellas han sido aisladas en brotes de cólera aviar².

Entre los factores de virulencia más importantes, destacan la cápsula y el lipopolisacárido, que permiten clasificar la bacteria en serotipos capsulares (A, B, D, E y F) y somáticos (1-16), respectivamente.

La cápsula favorece la evasión bacteriana de la fagocitosis y la resistencia al complemento, mientras que la estructura del lipopolisacárido es crucial para la virulencia y supervivencia de la bacteria en el hospedador3,4,5.

 

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EPIDEMIOLOGÍA

Condiciones de estrés derivadas de inadecuadas prácticas de bioseguridad, manejo o factores ambientales adversos pueden favorecer la aparición de brotes clínicos de la enfermedad, al aumentar la susceptibilidad de las aves y facilitar la diseminación del agente en las explotaciones6,7.

La transmisión se produce generalmente por contacto directo entre animales sanos y enfermos por medio de secreciones de la cavidad oral, narinas y conjuntiva de aves infectadas.

Además, también puede darse por contacto indirecto con agua y alimentos contaminados, así como por vectores y fómites3,4.

 

PATOGENIA

 

SIGNOS CLÍNICOS Y LESIONES

El cólera aviar se caracteriza por un cuadro clínico similar en las especies aviares más susceptibles: pavos, patos, gansos y gallinas, y puede manifestarse en dos formas, aguda o crónica, en función de la virulencia de las cepas.

Forma aguda

La forma aguda de la enfermedad es la más frecuente. Los signos clínicos aparecen tan solo unas horas antes de la muerte, por lo que, en general, la primera señal de sospecha es la muerte súbita6,9.

Sin embargo, si se consigue observar a los animales de forma previa, estos manifestarán fiebre, anorexia, signos respiratorios y diarrea.

De igual forma, inmediatamente antes de la muerte los animales presentarán cianosis, siendo más evidente en las zonas de la cabeza más desprovistas de plumas, además de barbillas y cresta y barbillas3,9.

La mayoría de las lesiones postmortem se asocian con alteraciones vasculares, tales como hiperemia generalizada y hemorragias petequiales en órganos sistémicos4,10.

No obstante, también pueden darse otras lesiones como hepatitis necrótica multifocal (Imagen 1 y 2), neumonía o alteraciones en el tracto reproductor3,4,10.

 

Forma crónica

La forma crónica de la enfermedad es mucho menos frecuente y puede cursar de forma asintomática cuando es causada por cepas de menor virulencia4,6.

Por el contrario, cuando el desarrollo de la patología constituye una evolución de la forma aguda en animales que sobreviven con o sin tratamiento, pueden aparecer infecciones localizadas de carácter supurativo6.

Es frecuente observar sinusitis, neumonía (más típica en pavos), edema en cresta y barbillas, artritis y/o pododermatitis (Imagen 3 y 4).

En las reproductoras, también puede desencadenar en peritonitis ovárica.

Por último, aunque con menor frecuencia, la infección puede localizarse en el oído medio y los huesos craneales dando lugar a tortícolis3,4,9.

DIAGNÓSTICO

El diagnóstico clínico presuntivo se ve dificultado por la ausencia de un cuadro clínico específico.

Existen otras enfermedades bacterianas, como la erisipela aviar, y virales, como la influenza aviar y la enfermedad de Newcastle, que también pueden cursar con elevadas tasas de mortalidad sin signos clínicos previos evidentes.

Estas aves pueden permanecer infectadas de por vida actuando como reservorio de la enfermedad11.

Asimismo, las lesiones asociadas a septicemia por Pasteurella multocida tampoco son exclusivas del cólera aviar.

Por ejemplo, Campylobacter hepaticus puede producir lesiones similares en hígado y Staphylococcus aureus en la almohadilla plantar.

Todo ello hace fundamental llevar a cabo un diagnóstico laboratorial preciso.

 

Diagnóstico laboratorial

Para llevar a cabo un diagnóstico laboratorial adecuado, es imprescindible realizar un correcto muestreo en la explotación.

 

Microbiología

Las muestras remitidas al laboratorio se siembran en medios de cultivo específicos, donde tras 18-24 horas de incubación, Pasteurella multocida (Imagen 5) forma colonias pequeñas, traslucidas, con forma circular y aspecto convexo de entre 1 y 3 mm de diámetro12.

Se trata de una bacteria inmóvil, no formadora de esporas, anaerobia facultativa, cuya temperatura óptima de crecimiento se sitúa entre los 35-37o C 13.

Una vez aislada la bacteria, y con el objetivo de proporcionar una herramienta que facilite la selección del antibiótico más adecuado, se podrá evaluar la sensibilidad antibiótica mediante el método de Kirby Bauer o halos de inhibición o bien utilizando la técnica de concentración mínima inhibitoria (CMI).

 

Técnicas moleculares

La PCR en tiempo real (qPCR) es una técnica sensible y precisa que permite detectar la presencia de Pasteurella multocida mediante la identicación de secuencias especícas de su ADN, así como cuanticar la cantidad de material genético presente en la muestra.

Además, esta técnica es de gran utilidad para la caracterización de la bacteria en aquellos casos que resulten positivos de una forma más rápida que los métodos tradicionales.

De este modo, la determinación del serotipo capsular (A, B, D, E y F) ha evolucionado de los métodos serológicos clásicos a ensayos PCR multiplex, permitiendo ofrecer el resultado en el menor tiempo posible12,16.

Los serotipos A y F parecen ser los más frecuentes en cuadros de cólera aviar, no obstante, el B y el D también han sido detectados en aves3,5,12.

De igual forma, los avances en biología molecular con el estudio de los genes del locus de biosíntesis del lipopolisacárido han permitido desarrollar un sistema de tipificación basado en genotipos (L1-L8) mediante PCR multiplex.

Esta clasificación se correlaciona con el esquema serológico clásico para la determinación del serotipo somático basado en el sistema de Heddleston12,13.

Se requieren más estudios para determinar qué genotipos son más prevalentes en el cólera aviar, aunque algunas investigaciones señalan el 1, 3 y 43,10.

 

TRATAMIENTO Y CONTROL

Los tratamientos antibióticos para el control del cólera aviar presentan una serie de limitaciones:

 

La erradicación de la enfermedad requiere de vacío sanitario. Posteriormente, se debe llevar a cabo una correcta limpieza y desinfección de las naves e implementar un exhaustivo plan de control.

Para ello, se deben establecer buenas prácticas de manejo y un consolidado plan de bioseguridad que evite el contacto de un nuevo lote con animales que puedan actuar como portadores, como roedores, aves silvestres u otros9 .

Además, debido a que no hay disponibles en España vacunas registradas frente a Pasteurella multocida, se podrá recurrir al uso de autovacunas.

Las autovacunas son medicamentos inmunológicos inactivados que se elaboran a partir de microorganismos patógenos obtenidos de material biológico de animales de una unidad epidemiológica, con destino a los animales de esa unidad o de otra con la que se haya establecido una relación epidemiológica confirmada.

 

CONCLUSIONES

El cólera aviar es una enfermedad bacteriana causada por Pasteurella multocida que supone un importante impacto económico en la producción avícola.

Su presentación clínica puede variar desde formas agudas con muerte súbita de un elevado porcentaje de animales hasta formas crónicas que, en ocasiones, pueden pasar inadvertidas.

El diagnóstico temprano es fundamental y debe respaldarse con pruebas laboratoriales entre las que destacan la microbiología y la qPCR.

El control de la enfermedad depende principalmente de medidas preventivas como la bioseguridad, manejo adecuado de las instalaciones y control de posibles reservorios.

Las autovacunas representan una herramienta complementaria, segura y de interés en la estrategia de control de esta enfermedad.

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