El ambiente es un factor que influye directamente en el bienestar de las gallinas ponedoras, estando estrechamente relacionado con sus respuestas fisiológicas y comportamentales. Entre los diversos elementos que componen el ambiente interno de los galpones, se destaca la iluminancia, cuya adecuada regulación esencial para garantizar la salud y el desempeño productivo de las aves.

La visión es uno de los sentidos más desarrollados en las aves, y su percepción visual es bastante distinta de la de los seres humanos. Por ello, para promover un alto grado de bienestar, es fundamental considerar diversos aspectos de la iluminación, tales como:
  • El tipo de luz (natural y/o artificial),
  • El tipo de lámpara utilizada,
  • La intensidad luminosa,
  • La longitud de onda, y
  • La duración de la exposición lumínica, siempre teniendo en cuenta las especificidades del sistema visual de las aves.

Las aves perciben la luz no solo a través de los ojos, sino también mediante fotorreceptores localizados en el hipotálamo, que desempeñan un papel crucial en la regulación neurohormonal. La luz captada activa los fotorreceptores hipotalámicos, estimulando la liberación de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH).

 

 

Esta, a su vez, actúa sobre la hipófisis, induciendo la producción de la hormona luteinizante (LH) y de la hormona foliculoestimulante (FSH), las cuales se unen a los receptores de las células de la granulosa de los folículos ováricos, promoviendo la síntesis de estrógenos, andrógenos y progesterona, conforme a la etapa de desarrollo folicular.

Este complejo mecanismo influye directamente en las funciones reproductivas, comportamentales y en las características sexuales secundarias de las aves.

Además, la luz alcanza la glándula pineal y la hipófisis a través de la parte superior del cráneo, impactando directamente el fotoperíodo y, en consecuencia, el estado inmunológico, la tasa de crecimiento y la producción hormonal de las aves. De este modo, una iluminación adecuada contribuye a que las aves mantengan un ciclo circadiano saludable (diurno-nocturno).

  • El espectro electromagnético de la luz natural abarca una franja de longitudes de onda visible al ojo humano; sin embargo, las aves poseen una capacidad visual ampliada, pudiendo ver en el rango del ultravioleta.

Esto les permite una percepción más rica de los colores y una respuesta fisiológica acentuada a longitudes de onda situadas al final del espectro visible, como el rojo y el naranja, colores que presentan mayor capacidad de penetración transcraneal (hasta mil veces más que los colores fríos), estimulando así la producción de hormonas reproductivas con mayor intensidad.

Adicionalmente, la intensidad luminosa debe ser cuidadosamente controlada, ya que niveles inadecuados de luz pueden inhibir la manifestación de comportamientos naturales esenciales para el bienestar, como escarbar, posarse en perchas e interactuar socialmente.

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La anatomía visual de las aves también contribuye a su visión altamente desarrollada. Sus ojos, ubicados lateralmente en la cabeza, garantizan un campo visual más amplio.

El ojo de las aves contiene cinco tipos de conos, siendo uno de ellos sensible a la radiación ultravioleta y otro —el cono doble— especializado en la detección de movimientos rápidos y lentos.

  • Además, el tamaño relativamente grande de los ojos, junto con la alta densidad de células fotorreceptoras y conexiones neuronales más complejas con el nervio óptico, asegura una percepción visual altamente eficiente.

Las aves poseen especial sensibilidad al color violeta, demostrando una percepción más rápida y acentuada en comparación con tonos como el verde y el azul. Esta sensibilidad visual diferenciada refuerza la importancia de una iluminación adecuada a su espectro de visión, respetando sus necesidades fisiológicas y comportamentales.

Figura 1: Diferencia entre la visión de los seres humanos y las aves en relación con el espectro de luz. Adaptado de Peche (2017).

Las aves son altamente sensibles a la luz artificial, lo que hace fundamental la elección adecuada del tipo de lámpara a utilizar en los galpones de gallinas ponedoras.

Esta discusión ha cobrado relevancia, especialmente por su relación directa con la obtención del índice de iluminancia ideal para estimular tanto las respuestas fisiológicas como comportamentales de las aves.

  • El color de la luz emitida por las lámparas puede interferir significativamente en el comportamiento de las aves, influyendo en aspectos como estrés, agresividad y bienestar general —factores que, a su vez, afectan directamente la productividad, incluyendo la calidad y cantidad de huevos producidos.

Cada tipo de lámpara posee características distintas. Las lámparas incandescentes, por ejemplo, tienen bajo costo inicial y proporcionan una iluminación uniforme, pero presentan desventajas como alta generación de calor, elevada emisión en el espectro rojo (longitud de onda más larga) y costos operacionales más altos, lo que puede comprometer el confort térmico de las aves.

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Las lámparas fluorescentes, por otro lado, ofrecen mayor eficiencia luminosa y pueden reducir hasta en un 70% el consumo de energía eléctrica. También garantizan una percepción más clara y brillante del ambiente, facilitando el manejo y la inspección de las aves.

 

 

 

Más recientemente, las lámparas LED (Diodo Emisor de Luz) se han destacado por su alta eficiencia energética, durabilidad y bajo calentamiento. Además de representar una alternativa sostenible, los LED permiten ajustes finos en la intensidad y en la composición espectral de la luz, lo que los convierte en una opción prometedora para simular de manera más precisa la luz natural. Se siguen realizando estudios para desarrollar tecnologías que reproduzcan fielmente las condiciones ideales de iluminación natural.

  • Como las aves distinguen claramente los fotoperíodos, es decir, la diferencia entre días cortos y largos, es posible implementar programas de luz que combinen iluminación natural y artificial.

Las investigaciones demuestran que, cuando esta combinación se maneja adecuadamente, las aves permanecen más activas y muestran mayor frecuencia de comportamientos naturales. No obstante, aún se requieren más estudios para comprender de manera amplia la influencia de variables como la longitud de onda y las fluctuaciones en el espectro luminoso.

Otro aspecto relevante es el tiempo necesario para que los estímulos luminosos surtan efecto en las aves, conocido como fase fotosensible.

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La sensibilidad a la luz ocurre entre 10 y 15 horas de exposición diaria; después de ese período, las aves se vuelven fotorrefractarias, es decir, dejan de responder al estímulo luminoso.

De esta forma, fotoperíodos cortos no activan esta fase, mientras que días más largos estimulan las hormonas reproductivas y pueden mejorar el desempeño productivo y el bienestar.

Es importante destacar que, en días soleados, las gallinas ponedoras criadas al aire libre o en galpones con ventanas reciben altos niveles de luz. En tiempo nublado, el espectro rojo de la luz natural se ve parcialmente oscurecido, predominando los tonos azulados. Al amanecer y al atardecer ocurre el contrario: hay un aumento en la intensidad de la luz roja, lo que influye positivamente en el comportamiento de perchado y reduce el riesgo de amontonamiento.

  • Asimismo, considerando tanto la fisiología transcraneal de las aves como los principios de bienestar animal, se recomienda el uso preferente de la luz natural, especialmente al final del día. Este manejo contribuye a la expresión de comportamientos naturales, mayor confort térmico y mejor adaptación al ambiente de crianza.

 

Es importante resaltar que, en caso de no utilizar luz natural de forma exclusiva, se deben tener en cuenta algunos puntos para garantizar mejores condiciones de bienestar a las gallinas ponedoras:
    • La iluminación debe ser uniforme en todo el aviario.
    • En cada período de 24 horas, el sistema de iluminación en el aviario deberá proporcionar:
  • Un período mínimo de 8 horas continuas de luz artificial y/o luz diurna.
  • Un período mínimo de 6 horas continuas de oscuridad o del período natural de oscuridad.
  • Para la iluminación artificial se debe utilizar un programa de reducción y aumento gradual de la iluminancia, permitiendo que las gallinas ponedoras se preparen para la oscuridad o la claridad.
  • Los niveles de iluminación durante el día deben permitir suficiente luminosidad para que las aves expresen sus comportamientos naturales y puedan ser inspeccionadas sin dificultad.
  • La intensidad de luz a la altura de las aves no debe ser inferior a 20 lux.

gallinas ponedoras

La luz natural también puede influir positivamente en la salud de las gallinas ponedoras, ya que, al ser captada, puede favorecer la síntesis de vitamina D, necesaria para el adecuado metabolismo del calcio y del fósforo, para la formación y el fortalecimiento de los huesos, pico, patas y la cáscara del huevo, preservando su salud positivamente y evitando problemas en las patas y en la producción de huevos.

Siempre que sea posible, se recomienda el uso de luz natural, ya que ofrece a las aves las condiciones ideales de longitud de onda, intensidad y duración de exposición, favoreciendo el equilibrio fisiológico, mental y comportamental, además de contribuir a un ambiente de crianza más armonioso y sostenible.

Referencias disponibles previa consulta con la autora.

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