1. CREACIÓN DE LA GRANJA “EL GALLO DE PLATA”

La granja El gallo de plata se estableció en 1888 en la localidad de Algete, a 29 km de Madrid.

Sus impulsores y propietarios (Foto 1) fueron José Osorio y Silva (1825-1909), duque de Sesto y marqués de Alcañices, entre otros muchos títulos además de ser alcalde corregidor de Madrid; José

Osorio y Heredia (1854-1919), conde de la Corzana; Norberto López Valdemoro Ortiz de Lazcano, conde de Donadio y el hijo de este, Juan Gualberto López Valdemoro de Quesada y Pizarro (1855-1935), conde de las Navas.

 

  • Cada uno de ellos aportó a la sociedad 1.250 pesetas y se estableció la granja en la finca Soto de Mozanaque, situada a orillas del Jarama, que era propiedad del duque de Sesto.

Posiblemente fuera el duque el impulsor de la granja y cabe pensar que la idea habría podido surgir durante su estancia en Deauville (Francia), país en el que la avicultura estaba ya muy desarrollada, y en el que residió a partir de 1868, hasta La Restauración, en una gran villa de su propiedad en la que acogió a la familia real tras su salida de España al exilio, a consecuencia de los acontecimientos ocurridos durante La Gloriosa.

2. DESARROLLO DE LA GRANJA “EL GALLO DE PLATA”

Una vez constituida la sociedad, el primer acuerdo que se tomó fue designar para el cargo de gerente y administrador al conde de las Navas (Foto 2).

  • De origen malacitano, se había formado en la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Derecho, y posteriormente en la Escuela de Diplomática de Madrid, donde ese mismo año de 1888 alcanzó el título de Archivero- Bibliotecario, que a partir de 1903 le llevaría a ser Director de la Real Biblioteca o Bibliotecario Mayor del Reino.
granja El Gallo de Plata

Foto 2. El Conde de las Navas en 1892 (Foto: F. de Pablo Hnos.).

Por tanto, no disponía de formación agraria o ganadera y, debido a ello, el mismo día de su nombramiento se puso en contacto con Luis de Grinière, experto avícola que se encargaría de proyectar una granja con capacidad para 1.690 gallinas, con sus respectivos machos reproductores.

  •  En el proyecto, los animales aparecían distribuidos en 14 gallineros y se predecía para las gallinas una puesta media anual de 100 huevos, que se vendieron a 1 peseta la docena.
  • Así mismo, se calculó una producción de unos 750 pollos anuales que se vendieron, a la edad de 5 meses, a 2 pesetas el pollo. Por último, se contemplaba también la adquisición de incubadoras para la obtención de los pollitos.

Luis de Grinière, una vez puesto en marcha el proyecto, dejó su responsabilidad de encargado en manos de Pedro Pereira y Albizu, que previamente había sido enviado a Gambais, al norte de Francia, para formarse en avicultura en la escuela de Roullier Arnoult, fundada en 1884 (Foto 3).

granja El Gallo de Plata

Foto 3. Escuela de Avicultura de Gambais en la que se formó Pedro Pereira.

3. ADQUISICIÓN DE LAS GALLINAS

Sería en el verano de 1888 cuando el Conde de las Navas comienza a adquirir los animales para poblar los gallineros de la granja.

  • Para ello, echa mano de sus amistades, fundamentalmente de la clase nobiliaria, y así consigue hacerse con huevos de la raza Dorking que la marquesa de Leuville le envió desde su granja de Campoville en Londres, conformando un primer núcleo de gallinas Dorking, la raza más renombrada y reconocida en Inglaterra.

Posiblemente la predilección por esta raza, en la que los machos poseen abundante plumaje plateado en esclavina, dorso y caireles, fuera la razón por la que la granja se bautizó con el nombre de “El Gallo de Plata”.

 

En este sentido, el conde de las Navas citaba a menudo en sus escritos un ejemplar de gallo Dorking al que apodaban “Manolo” (Foto 4), que fue un gran reproductor que dejó abundante descendencia de gran calidad en la granja de Algete.

granja El Gallo de Plata

Foto 4. Gallo de raza Dorking apodado “Manolo” (La Avicultura Práctica, 1897).

Tal era su fascinación por este gallo, que encargó al gran pintor malagueño José Moreno Carbonero un óleo con su retrato. Desconocemos el paradero de este cuadro que tanto apreciaba el conde de las Navas.

 

Por otra parte, el conde mostraba también gran admiración hacia las gallinas Castellanas Negras.

  • De esta raza, pudo reunir ejemplares que procedían de Arjonilla (Jaén), a través de su primo Alonso Coello de Portugal, conde de Pozo Ancho del Rey; de Láchar (Granada) por mediación del conde de Benalúa; y de Sevilla, como presente del conde de Aguiar.

Con estos tres orígenes, se conformaría en Algete un importante núcleo de gallinas Castellanas Negras.

  • Por tanto, al igual que las del núcleo de raza Dorking, diremos que también estas gallinas llevaban la “nobleza” en su sangre, como distintivo propio de dueños y animales de la granja “El Gallo de Plata”.

4. CASTELLANAS NEGRAS PARA OBSEQUIAR AL PAPA LEÓN XIII

Uno de los hitos más importantes de la granja “El Gallo de Plata” lo constituyó el encargo que la reina regente María Cristina hizo al conde de las Navas para agasajar al papa León XIII con un lote de gallinas Castellanas Negras.

  • Posiblemente fuera en 1896, cuando el rey Alfonso XIII, del que el papa era padrino de bautismo, cumplió 10 años, y la reina Mª Cristina, sabedora de su predilección por los huevos, que los comía pasados por agua, quiso tener un detalle con él.

Lo cuenta el propio conde de las Navas en una de sus crónicas que, a modo de memorias, publicó en 1927 en varios periódicos como La Época y La Correspondencia de Valencia, con el sugerente título de “El papa blanco y las gallinas negras”.

Cuenta el conde que:

“Bien informada la Reina Doña María Cristina de los gustos de su excelso compadre, discurrió obsequiarle con dos docenas de gallinas y cuatro gallos españoles y “El Gallo de Plata” recibió el honrosísimo encargo de proporcionarlo.”

Además de sus propias aves, se hizo también con un lote de Federico Vilches (granja El Gallo Negro) y de su pariente Alonso Coello de Portugal de Arjonilla (Jaén). De esta forma, según cuenta,

“Por fin, después de escrupulosas selecciones, reunidas las 28 aves, fueron transportadas, como en triunfo, desde el Soto de Algete al reservado de la Casa de Campo.

A Su Majestad la Reina Doña María Cristina le satisfizo el lote de las aves por completo y elogió mucho el magnífico aspecto de gallos y gallinas.”

 

Lote que sería conducido a Roma por el capataz Pedro Pereira (Foto 5).

Y finaliza el Conde su artículo describiendo la sensación que el regalo produjo al Papa:

“A Su Santidad el Papa León XIII recreó mucho el obsequio de la Reina y mandó instalar las gallinas en los jardines del Vaticano en espléndido corral en el que no echaba de menos pormenor el más exigente avicultor. Las gallinas morenas bebían en fuentecitas de mármol de Carrara con agua corriente.”

granja El Gallo de Plata

Foto 5. Pedro Pereira distribuyendo el grano a las gallinas Castellanas Negras (La Avicultura Práctica, 1897).

  • Ojalá que el continuador de su nombre papal, el actual papa León XIV, tenga también la suerte de probar los magníficos huevos de gallina Castellana Negra. Seguro que le encantarían.

5. SUMINISTRADORA DE AVES Y HUEVOS PARA TODA ESPAÑA

Además de criar gallinas de las razas Dorking y Castellana, que fueron los dos núcleos fundacionales de la granja “El Gallo de Plata”, el conde de las Navas se propuso ampliar su elenco de razas aviares y, para finales de siglo, ya poblaban sus gallineros grupos de reproductores de las razas europeas Houdan, La Flèche, Crève- Coeur, Campine, Padua y asiáticas como la Cochinchina, Langshan y Brahma.

De todas ellas comercializaban reproductores, pollitos y huevos, eso sí, a precios que se antojaban caros para la época (Foto 6).

granja El Gallo de Plata

Foto 6. Anuncio de venta de productos de la granja El Gallo de Plata (1898).

Entre los numerosos clientes de la granja, nuevamente destacan los títulos nobiliarios, pero también figuran abogados, arquitectos, Diputados en Cortes, el Jardín de Aclimatación (parque zoológico) de Madrid, entonces situado en la calle Ferraz, nº 47, o el Canónigo-Archivero de Covadonga, por citar algunos.

6. EPÍLOGO

La granja avícola “El Gallo de Plata” tuvo una intensa actividad durante aproximadamente dos décadas. El fallecimiento del duque de Sesto en 1909 pudo inducir su desaparición.

  • No obstante, el conde de las Navas continuó con su afición avícola, pero desde otras facetas: por una parte, escribiendo artículos sobre avicultura en revistas como Mundo Avícola y España Avícola, y por otra, como ávido bibliófilo, reuniendo una de las bibliotecas avícolas más importantes del momento, tanto de España como de Europa.
  • Actualmente, el soto de Mozanaque sigue estando en manos de los sucesores del duque de Sesto, pero su uso ya no se centra en el cuidado y cría de gallinas, sino que el perfil de negocio en esta finca se ha orientado hacia la organización de bodas y eventos lúdicos, manteniendo, eso sí, el poso nobiliario, como las aves de antaño.
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