
Incubación
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La incubación de huevos fértiles es una de las etapas más importantes para el éxito y desempeño zootécnico de los pollos de engorde.

Estudios muestran que la calidad del pollito está directamente relacionada al ambiente térmico y gaseoso de la incubadora, afectando su desarrollo cardíaco, masa corporal y longitud (Lourens et al., 2005, 2007; Molenaar et al., 2011; Ricklefs, 1987).
Por presentar alta sensibilidad a las variaciones ambientales, el sistema cardiovascular es un tópico muy importante en las estrategias modernas de incubación.

Cuando este equilibrio se rompe, el sistema cardiovascular puede presentar alteraciones estructurales y funcionales con efectos inmediatos y duraderos, reflejándose directamente en el desempeño y en la salud de los pollos en el campo.
El sistema cardiovascular posee las primeras estructuras formadas y que asume pronto sus funciones, siendo que:
Esta membrana desempeña funciones fundamentales para el desarrollo embrionario, realizando los intercambios gaseosos, el transporte de calcio de la cáscara, el mantenimiento de la homeostasis ácido base y la reabsorción de agua e iones.
El glucógeno cardíaco y hepático es la principal fuente de energía durante el esfuerzo muscular de la eclosión.
Es el glucógeno el que garantiza la supervivencia de las células en situaciones de:
Depósitos reducidos comprometen el suministro energético para el corazón, lo que puede afectar su función y estructura.
En caso necesario, las proteínas musculares y cardíacas son desviadas hacia la vía metabólica que las convierte en glucosa, la gluconeogénesis.
En este esfuerzo por mantener los niveles energéticos, se generan subproductos como el ácido úrico, comprometiendo el desarrollo de los tejidos.

En estas condiciones, el embrión puede comprometer la función cardíaca para suplir las exigencias energéticas, reduciendo la masa relativa del corazón al nacer (Lourens et al., 2007).
Otro ejemplo de que el manejo térmico inadecuado compromete el potencial fisiológico de las aves puede ser observado:
Estudios con monitoreo de la temperatura de la cáscara del huevo muestran que temperaturas elevadas durante la tercera semana de incubación aumentan la mortalidad embrionaria y reducen la calidad de los pollitos (Lourens et al., 2005).
También hay una preocupación creciente de que el calor metabólico generado por embriones modernos sea superior al observado en linajes anteriores, lo que puede favorecer zonas de sobrecalentamiento en la incubadora, impactando la supervivencia embrionaria y la calidad de los pollitos.
Mientras que la elevación en la temperatura puede ser monitoreada con facilidad, detectar alteraciones en los niveles de oxígeno y dióxido de carbono es bastante complejo.
Una ventilación insuficiente, alta densidad de huevos o fallas en el diseño de la incubadora pueden resultar en un agente estresor silencioso: la hipoxia.
La reducción de la oferta de oxígeno limita el crecimiento corporal y reduce el consumo metabólico por inhibición regulada del crecimiento tisular (Mortola, 2009; Dzialowski et al., 2002).
Durante la hipoxia, el embrión activa mecanismos compensatorios, como el aumento de la angiogénesis, lo que puede llevar a la hipertrofia ventricular y alteraciones morfológicas en la membrana corioalantoidea (Grabowski, 1964; Rouwet et al., 2002).
Como consecuencia, el corazón necesita intensificar su actividad, incluso en condiciones adversas, aumentando la susceptibilidad a disfunciones circulatorias posteriores a la eclosión, como el síndrome ascítico (Gonzales y Macari, 2007).
La selección genética que resultó en linajes de crecimiento rápido no impacta el metabolismo embrionario de forma lineal a lo largo de la incubación.

En los días finales, cuando ocurre el crecimiento acelerado de órganos y tejidos, el metabolismo se intensifica grandemente, coincidiendo con la meseta en el consumo de oxígeno.
En esta etapa, la demanda supera la capacidad de difusión de la cáscara, exigiendo un cambio de ruta metabólica: el embrión pasa a oxidar carbohidratos de forma anaeróbica, agotando rápidamente las reservas de glucógeno.
Altas concentraciones de dióxido de carbono también alteran la fisiología cardíaca:
Después de 12 horas de la eclosión, los embriones expuestos a altos niveles de dióxido de carbono presentan un aumento en el peso relativo del corazón y los pulmones, posiblemente en respuesta al aumento de la carga ventilatoria y de la vasoconstricción pulmonar.
El crecimiento muscular embrionario, incluyendo el cardíaco, depende de la energía generada por el glucógeno, principalmente durante el esfuerzo del picaje.
El hígado asume un papel central en el reciclaje de lactato a glucosa, ya que el corazón y los músculos esqueléticos no poseen las enzimas del ciclo glucosa lactato glucosa.

La incubación modula directamente el desarrollo morfofuncional del sistema cardiovascular.
El manejo inadecuado en la incubación, con oscilaciones térmicas y ventilatorias que resulten en estrés térmico o hipoxia, conlleva impactos directos e irreversibles en la fisiología embrionaria, especialmente en la formación del corazón y de la vascularización del embrión, afectando la viabilidad y calidad del pollito.
El agotamiento precoz de reservas energéticas y el esfuerzo compensatorio del corazón comprometen el desarrollo ideal del pollito, llevando a perjuicios en el desempeño y en la salud a largo plazo.
Así, la regulación precisa de la temperatura y de la ventilación en la incubadora es esencial para garantizar no solo una alta tasa de eclosión, sino también la formación de pollitos de alta calidad, capaces de expresar todo su potencial genético, resultando en aves más viables, robustas y adaptadas al desafío productivo.