No hay duda de que, de todos los parámetros relacionados con el proceso de incubación, la temperatura es el más importante y al que se exige más atención por parte de los profesionales de la planta de incubación.
Cuando se trata de este parámetro, siempre debemos buscar lo ideal, es decir, lo que el embrión realmente necesita en esa fase de su desarrollo.

 

Existe unanimidad entre los gerentes de plantas de incubación, veterinarios e investigadores académicos en que las altas temperaturas durante la incubación causan problemas serios de eclosión y, principalmente, afectan negativamente la calidad de los pollitos.

 

Lourens (2001), por ejemplo, encontró un 10 % más de mortalidad embrionaria tardía y un 5 % más de triaje a una temperatura de 40,3 ºC, en comparación con 38,39 ºC a los 18 días de incubación.
Oznurlu (2010) observó que el desarrollo de la Bursa y del timo se ve reducido por las temperaturas elevadas durante la incubación, sugiriendo que la temperatura y la circulación de aire de las incubadoras deben ser cuestionadas en caso de baja inmunidad en los lotes de pollos.

Existen también hallazgos que correlacionan las altas temperaturas durante el desarrollo embrionario con problemas de locomoción de las aves, tamaño reducido de órganos, empeoramiento de la mortalidad y de la conversión alimenticia en campo.

Ante esta realidad, escribo este artículo con la intención de proporcionar herramientas y soluciones prácticas para que los veterinarios y gerentes de plantas de incubación puedan reducir o incluso eliminar la ocurrencia de altas temperaturas durante la incubación, mitigando así sus impactos en la eclosión y en la calidad de los pollitos.

La preocupación por las altas temperaturas debe comenzar justo después de la postura de los huevos.

Tener un proceso rápido de recolección y una sala de huevos con buen potencial de enfriamiento es el primer paso.

Otra preocupación, incluso antes de que los huevos lleguen a la planta de incubación, es el transporte.

En este caso, es altamente importante tener muelles aislados de las temperaturas externas que faciliten la carga y descarga, compartimentos de transporte con climatización adecuada y colaboradores entrenados para no realizar la carga en la granja si el camión no está a la temperatura correcta.

En la planta de incubación, tras la recepción, los huevos deben ser almacenados en una sala limpia con temperatura adecuada y homogénea.

⇒ No podemos olvidar que las temperaturas de los ambientes mencionados anteriormente deben obedecer un orden descendente desde la postura de los huevos hasta el inicio del precalentamiento y posterior incubación.

Podemos considerar las temperaturas de cada ambiente según se detalla a continuación, formando siempre una “V”.

 

 

En lo que respecta a la incubación, cuando se trata de una incubadora de múltiples etapas, todo se vuelve más difícil.

Las preocupaciones comienzan ya con el precalentamiento, que debe hacerse, sin embargo, de la manera correcta.

En un proceso de precalentamiento ideal, la temperatura ambiental deseada debe alcanzarse en hasta 3 horas y permanecer entre 3 y 4 horas más, hasta que todos los huevos estén a la misma temperatura.

El punto de consigna más utilizado para el precalentamiento es de 28 ºC

Un punto de atención en este sector es la generación de calor: las resistencias deben estar lo más lejos posible de los huevos y, cuando estén encendidas, no deben generar un aire más caliente que 32 ºC.

Ya durante la incubación, al haber varias edades embrionarias en el mismo ambiente, las incubadoras de múltiples etapas se ven obligadas a trabajar con una temperatura media para todas las fases del embrión, y muchas veces, en los últimos días de incubación, esta temperatura ambiente es demasiado alta.

 

Recordemos que la temperatura ideal de la cáscara del huevo es de 37,8 ºC, y cuando esta supera los 38,3 ºC, ya comenzamos a tener problemas.

Cuando hablamos de incubadoras de etapa única, todo se vuelve más fácil. Estas incubadoras utilizan las entradas de aire solamente para los intercambios gaseosos, dejando la refrigeración a cargo de las serpentinas.
De esta forma, el ambiente interno queda mucho más estable y homogéneo.

Como su nombre indica, la etapa única contiene solo una edad embrionaria por incubadora, lo que permite, en este caso, trabajar con temperaturas ideales para cada fase de la incubación, manteniendo así a los embriones en confort térmico constante.

Sin embargo, solo el hecho de tener incubadoras de etapa única no garantiza que no habrá problemas relacionados con las altas temperaturas durante la incubación.

Independientemente del modelo de incubadoras y nacedoras, no será posible proporcionar condiciones óptimas de temperatura si los huevos no son incubados considerando la carga térmica, es decir, su potencial de generación de calor, y si la planta de incubación no cuenta con una climatización adecuada.

A continuación, en este estudio de caso real, podemos ver dos mapas de temperatura de una misma incubadora y un mismo lote de reproductoras, pero en dos incubaciones diferentes.

En la primera imagen vemos un mapa térmico con grandes problemas de microclima, un rango de temperatura muy amplio y muchos puntos con altas temperaturas.

En la segunda imagen, vemos una situación de distribución mucho mejor, con un rango de extremos menor y, principalmente, pocos puntos calientes por encima de 38,6 ºC.

 

Analizando las dos imágenes, surge la pregunta:

¿Cómo es posible que dos incubaciones del mismo lote, hechas en la misma incubadora y en la misma planta con solo 21 días de diferencia, tengan un comportamiento tan distinto?

La explicación está en la manera de realizar la incubación y en los parámetros utilizados en la climatización externa a la incubadora.

 

Mientras que en la incubación 01 los huevos con mayor generación de calor fueron colocados en el pasillo central, en la incubación 02 estos mismos huevos fueron colocados en la pared, cerca de los ventiladores y de la serpentina.
Es decir, en la incubación 02, se colocaron los huevos que generan más calor en la parte más fría de la incubadora y viceversa.

Otro cambio importante ocurrió en la climatización: la temperatura del agua de la serpentina se incrementó de 8 ºC a 12 ºC, reduciendo el choque térmico cuando la incubadora solicita refrigeración.
La temperatura del aire climatizado también siguió la misma lógica, subiendo de 23 ºC a 26 ºC.

Por último, la presión del aire también fue modificada, disminuyendo la presión positiva de entrada y aumentando la presión negativa en la salida, reduciendo así el diferencial y, automáticamente, disminuyendo la velocidad con la que el aire pasaba por los huevos.

 

Todos estos cambios se realizaron con dos objetivos:

1 – Mejorar la distribución de la carga térmica dentro de la incubadora, colocando los huevos con mayor carga térmica en la parte más fría de la máquina y viceversa.
2- Reducir los microclimas internos causados por los choques térmicos relacionados con la climatización.

Esta mejor distribución de la temperatura y la gran disminución de puntos calientes se reflejaron directamente en la ventana de nacimiento y en la calidad de los pollitos, reduciendo el número de descartes y mejorando el desempeño de las aves en el campo.

Cuando hablamos de mejorar la ventana de nacimiento, no podemos olvidar que el desarrollo embrionario observado en el momento del retiro refleja el desarrollo del embrión cuando fue transferido de la incubadora a la nacedora y es imprescindible que la edad biológica sea lo más fiel posible a la edad cronológica en el momento de dicha transferencia.

En las nacedoras debemos redoblar nuestra atención porque la generación de calor de los embriones en esta fase es muy alta.

Después de la transferencia, medir la temperatura de los huevos cada 4 horas durante las primeras 24 horas con el objetivo de mantener el embrión entre 37,8 ºC y 38,6 ºC.

Luego, en las últimas 24 horas antes del nacimiento, debemos medir la temperatura cloacal con la misma frecuencia y mantenerla entre 39,4 ºC y 40,5 ºC (hacer esto para lotes de fertilidad baja, media y alta durante una semana)

Además, es importante mantener la temperatura de climatización entre 23 ºC y 25 ºC, y controlar adecuadamente la presión positiva del aire en la entrada y ligeramente negativa en la salida de la nacedora.

Sabemos que las nacedoras siempre han sido de etapa única porque siempre han tenido una sola carga, pero las máquinas más nuevas tienen varias ventajas, como el uso de serpentinas para refrigeración, control de CO₂ y la posibilidad de crear programas para estos parámetros.

Para crear un buen programa de temperatura de eclosión, por ejemplo, siempre debemos usar el embrión como referencia.

Después del nacimiento, los cuidados deben continuar porque las altas temperaturas tienen un impacto muy negativo en la calidad de los pollitos de un día.

Un pollito jadeante, por ejemplo, se deshidrata cinco veces más rápido que un pollito que está a la temperatura correcta.

Otro dato importante es que dentro de las cajas de transporte, la temperatura de las aves es entre 6 ºC y 12 ºC más alta que la del ambiente.

Por lo tanto, la temperatura de las salas de recuperación, selección y almacenamiento de los pollitos debe estar siempre cercana a los 25 ºC.

 

En la práctica, si durante la incubación hay altas temperaturas, los problemas serán:

  • Pérdida de eclosión
  • Aumento de triajes/descartes
  • Apertura de la ventana de nacimiento
  • Empeoramiento de la mortalidad inicial
  • Problemas de movilidad
  • Ombligo mal cicatrizado
  • Deshidratación
  • Peor ganancia de peso
  • Peor conversión alimenticia

Para evitar estos problemas, en resumen, debemos tomar las siguientes acciones:

  • Transportar y almacenar los huevos adecuadamente, sin interferencia de la temperatura externa.
  • Usar incubadoras modernas de etapa única (con sensor de embriones).
  • Usar nacedoras modernas con refrigeración por serpentinas, control de apertura por CO₂ y un buen programa de temperatura.
  • Contar con climatización para incubadoras y nacedoras con control de temperatura, humedad y presión del aire
  • Tener climatización interna en las incubadoras, controlando la temperatura y la presión del agua fría de la serpentina.
  • Climatizar las salas de retiro, selección y almacenamiento de las aves tras el nacimiento.
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