
La calidad de la carne de pollo constituye un factor esencial dentro de la industria alimentaria, ya que influye directamente en la seguridad del consumidor, la aceptación del producto y su conservación durante la vida comercial. Entre los diferentes parámetros que determinan la calidad de este alimento, la calidad microbiológica adquiere una especial relevancia, debido a que la presencia de microorganismos patógenos puede comprometer la inocuidad de la carne y representar un riesgo para la salud pública.
Por este motivo, las autoridades europeas han establecido medidas específicas para reducir la presencia de este microorganismo y mejorar la calidad sanitaria del producto. En este sentido, el Reglamento (UE) 2017/1495 estableció un criterio microbiológico de higiene obligatorio para los mataderos de pollos de engorde, con el objetivo de controlar los niveles de Campylobacter presentes en las canales.
Asimismo, el Reglamento (UE) 2019/627 establece que las autoridades competentes deben verificar que los mataderos cumplen correctamente este criterio mediante controles oficiales. De esta manera, el seguimiento de Campylobacter se convierte en una herramienta fundamental para evaluar y mejorar la calidad microbiológica de la carne de pollo.
El control de Campylobacter durante el proceso de sacrificio permite conocer el nivel higiénico del matadero y detectar posibles factores que puedan afectar negativamente a la calidad final del producto. La normativa europea estableció una aplicación progresiva del criterio microbiológico, reduciendo gradualmente los niveles permitidos de contaminación.
Inicialmente, hasta el 31 de diciembre de 2019, se permitía que un máximo de 20 muestras de un total de 50 superaran el límite de 1.000 unidades formadoras de colonias por gramo (ufc/g) de piel de cuello. Posteriormente, este valor se redujo a 15 muestras y, desde el año 2025, el criterio es todavía más exigente, permitiendo únicamente que 10 muestras superen el límite establecido.
Estos cambios reflejan la necesidad de mejorar continuamente los sistemas de producción y sacrificio, ya que una menor carga microbiana en las canales representa una mejora directa en la seguridad y calidad del producto final.
Durante el sacrificio de los pollos, las canales atraviesan diferentes etapas que pueden influir en su calidad microbiológica. Procesos como el escaldado, desplumado, evisceración, refrigeración y manipulación pueden favorecer tanto la reducción como la dispersión de microorganismos.

A medida que aumenta el tiempo de funcionamiento del matadero, los equipos y superficies pueden entrar en contacto con diferentes lotes de animales. Por ello, existe la posibilidad de que microorganismos procedentes de canales contaminadas puedan transferirse a otras canales durante el proceso.
Sin embargo, la influencia de este factor puede variar según las características de cada instalación, los sistemas de limpieza y desinfección aplicados y las condiciones específicas de producción.
El estudio se realizó entre los años 2018 y 2021 en tres mataderos de pollos de España. Durante este periodo se analizaron 500 muestras procedentes de canales de pollo con el objetivo de determinar si el orden de sacrificio influía en los niveles de Campylobacter.

Los resultados mostraron un recuento medio de 2,73 log ufc/g de Campylobacter. Además, el 17,2 % de las muestras no presentó detección del microorganismo, mientras que el 49,1 % superó el límite de 1.000 ufc/g establecido por la normativa.
Cuando se analizaron conjuntamente los resultados de los tres mataderos, no se observó una relación significativa entre el orden de sacrificio y los niveles de contaminación por Campylobacter. Esto indica que el orden del lote, por sí solo, no determina una pérdida de calidad microbiológica en todos los establecimientos.

Este resultado indica que las características particulares de cada matadero pueden tener una mayor influencia sobre la calidad microbiológica que el propio orden de sacrificio.
El aumento de microorganismos durante una jornada de sacrificio puede estar relacionado con diferentes factores. Entre ellos destacan la contaminación progresiva de equipos, superficies y agua de proceso cuando entran en contacto con animales contaminados.
Estudios previos han señalado que, tras la limpieza y desinfección al finalizar la jornada, la presencia de Campylobacter en determinados equipos suele ser baja. Sin embargo, durante la actividad diaria puede producirse una acumulación progresiva del microorganismo.

Por otro lado, temperaturas demasiado bajas pueden influir en la detección de Campylobacter, ya que una posible congelación parcial puede reducir la cantidad de microorganismos recuperables.
La calidad microbiológica de la carne de pollo depende de la interacción entre múltiples factores relacionados con el animal, el proceso de sacrificio, la higiene del matadero y las condiciones de conservación.
El estudio demuestra que el efecto del orden de sacrificio sobre los recuentos de Campylobacter no es uniforme y depende de las condiciones específicas de cada instalación. Por ello, la aplicación de programas eficaces de limpieza, desinfección, control microbiológico y gestión del proceso resulta fundamental para garantizar una carne segura y de alta calidad.

Finalmente, el control de Campylobacter no debe considerarse únicamente una exigencia legal, sino también una estrategia esencial para mejorar la confianza del consumidor, reducir riesgos sanitarios y asegurar la excelencia de la carne de pollo a lo largo de toda la cadena alimentaria.
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