La producción de pollos de engorde ha evolucionado en las últimas décadas hacia sistemas cada vez más eficientes, con ciclos productivos más cortos y animales con mayor capacidad de conversión alimenticia. Sin embargo, este avance también exige un enfoque más especializado en la nutrición, ya que una dieta balanceada es la base para sostener altos niveles de rendimiento, salud intestinal y bienestar animal.
Los pollos de engorde atraviesan diferentes fases de crecimiento en la nutrición, y cada una de ellas demanda un perfil nutricional ajustado:
Pre-inicio (0-10 días): Alta concentración energética y de proteína digestible. Se busca estimular el desarrollo del tracto digestivo y del sistema inmune.
Inicio (11-21 días): El objetivo es sostener un crecimiento uniforme, con niveles adecuados de aminoácidos esenciales como lisina y metionina.
Crecimiento y finalización (22-42 días o más): La dieta debe enfocarse en optimizar la conversión alimenticia y la deposición de carne magra, regulando el balance proteína/energía para evitar excesos que afecten el rendimiento.
La energía metabolizable en la nutrición es el factor principal que determina el consumo de alimento. Una dieta con deficiencia energética lleva a menor crecimiento, mientras que un exceso puede generar acumulación de grasa abdominal. En paralelo, las proteínas de alta digestibilidad, especialmente las provenientes de soya y complementadas con aminoácidos sintéticos, son esenciales para el desarrollo muscular.
La eficiencia del alimento no depende solo de su formulación, sino también de cómo es utilizado por el ave. En este sentido, los aditivos desempeñan un papel fundamental:
Enzimas exógenas (xilanasas, fitasas): Mejoran la digestibilidad y liberan nutrientes.
Probióticos y prebióticos: Favorecen la microbiota benéfica y reducen la colonización por patógenos.
Ácidos orgánicos: Ayudan a controlar la proliferación bacteriana en el tracto digestivo.
Un adecuado suministro de minerales como calcio, fósforo y zinc es fundamental para el desarrollo óseo y la integridad inmunitaria. Las vitaminas A, D y E cumplen un rol clave en el crecimiento, la absorción de calcio y el refuerzo antioxidante.
El agua de calidad y en cantidad suficiente es indispensable para el metabolismo y el consumo de alimento. Una mala calidad microbiológica o exceso de sales puede reducir el rendimiento de forma significativa.
La nutrición de los pollos de engorde debe entenderse como un equilibrio entre energía, proteína, micronutrientes y aditivos que favorezcan la salud intestinal. Un manejo preciso de la alimentación se traduce en mejor ganancia de peso, conversión alimenticia óptima y bienestar animal.

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