Innovación Tecnológica y Eficiencia Energética:
La avicultura mexicana acelera la transición hacia granjas inteligentes y economía circular en el corazón de la producción nacional
Productores en el Bajío y Jalisco implementan sistemas de sensorización remota, gestión algorítmica del microclima y revalorización energética de residuos para optimizar la conversión alimenticia y reducir la huella hídrica.
Esta reconversión responde a la necesidad de maximizar el bienestar animal. Además, busca optimizar la conversión alimenticia sin gastar más recursos naturales. La tecnología de sensores acústicos y térmicos detecta variaciones en el comportamiento de la parvada. De este modo, los especialistas identifican signos de estrés hídrico o calórico antes de que aparezcan síntomas clínicos. El ajuste preciso del aire, agua y alimento permite mitigar las olas de calor estacionales. Así se aseguran curvas de postura y crecimiento constantes en cada ciclo.
Por otro lado, la digitalización permite recopilar datos masivos sobre la ingesta diaria de las aves. Este análisis continuo ayuda a los nutricionistas a formular dietas dinámicas para cada etapa de desarrollo. Como resultado, disminuye la excreción de nitrógeno y fósforo en la gallinaza. La producción se vuelve más limpia y se reduce el uso de grano importado. Esto se traduce en una menor huella ecológica por cada kilogramo de carne de pollo o docena de huevo.
Sostenibilidad Integral y Revalorización Energética de Subproductos
Junto a la digitalización de casetas, el sector impulsa proyectos de economía circular para procesar la gallinaza y pollinaza. El trabajo se coordina con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER). Asimismo, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) avala la bioseguridad de los procesos. Actualmente se construyen plantas de biodigestión anaerobia y compostaje industrial en las principales zonas productoras.





















































