Desde los sistemas iniciales hasta la amplia propuesta existente en la actualidad existe un claro abismo tanto en la eficacia como en la versatilidad, así como en la flexibilidad de adaptación de los diferentes sistemas y propuestas.
Actualmente el equipamiento para naves avícolas que mayor desarrollo tiene y donde se invierten mayores recursos en I+D es sin ningún género de duda los intercambiadores de calor.
Desde los sistemas iniciales hasta la amplia propuesta existente en la actualidad existe un claro abismo tanto en la eficacia como en la versatilidad, así como en la flexibilidad de adaptación de los diferentes sistemas y propuestas.
Un importante cambio ha sido la realidad de la viabilidad económica de la inversión. Toda idea nueva aporta un plus de inseguridad de si realmente funcionará o no, y sobre todo si la inversión será todo lo rentable que queríamos o nos habían propuesto. En este caso y salvo excepciones (yo no conozco ningún caso pero es probable que existan) el sistema se ha manifestado con una contundente viabilidad económica y una disminución marcada de los costes superando en algunos casos las perspectivas iniciales.
La pregunta en algunas ocasiones ya no es cuántos intercambiadores de calor son necesarios para mi instalación, sino cuántos puedo poner para aumentar la rentabilidad y la homogeneización del sistema en la nave. En realidad ya forma parte integral de la mayoría de nuevos proyectos y ni siquiera se plantea la inversión (bueno, siempre hay que regatear para conseguir el mejor precio posible, pero eso ya es diferente).
La amplia gama de intercambiadores existente permite adaptarse a los diseños de cualquier instalación, ya sea nueva o vieja, con un mínimo de obra que a menudo es insignificante y en la mayoría de casos con unos resultados inmediatos.
Una de las evoluciones de este tipo de sistema ha sido en la eficacia del intercambio de temperatura y el mayor control de la ventilación de la nave al integrarse de forma eficiente en los ordenadores de control ambiental optimizando de esta forma el coste energético de la instalación y no duplicando los sistemas en uso.
La mejora del rendimiento ha conseguido que en algunos diseños el coste de calefacción en las granjas de pollo caigan en picado a niveles de auténtica anécdota, planteando incluso la utilización de calefacciones con una menor potencia calorífuga o sistemas alternativos de menor capacidad, pero que con la instalación de los intercambiadores de calor pueden ser suficientes si se manejan adecuadamente.
Dentro de los inconvenientes, que como todo equipamiento los tiene, la limpieza era -y lo sigue siendo- un factor clave en el diseño de estos sistemas. Un intercambiador muy eficiente pero con gran dificultad para proceder a su limpieza eran automáticamente descartados, ya que significaban grandes costos en mano de obra.
La simplicitud ha evolucionado en marchas forzadas existiendo actualmente aparatos muy simples en cuanto al acceso para proceder a su limpieza, llegando ya actualmente al mercado aparatos que se limpian automáticamente de forma periódica.
Este paso es fundamental para ahorrar el principal coste que generaba en mano de obra, que sin embargo era más testimonial que real respecto a la rentabilidad de la instalación. Así estas instalaciones proceden a rutinas de autolimpieza que disminuyen en mucho el control por parte del avicultor, pero que sin embargo no deben abandonar este control a los automatismos.
A pesar de que periódicamente ejecuten programas de autolimpieza, estos equipamientos deben ser revisados para asegurar que esta se realiza y que son eficaces, evitando problemas por un mal funcionamiento puntual o para detectar si son necesarios mayores o menores pautas de periodicidad para mantener adecuadamente limpios los equipos.
La elección del sistema adecuado de intercambiador de calor sin embargo sigue siendo complicado, ya que dependiendo la ubicación de la instalación, orientación de la nave, humedad ambiental, horas de insolación o posibilidad de heladas importantes, la rentabilidad de un sistema o otro será diferente.
La combinación de materiales escogidos para el intercambio con la velocidad del aire y el diseño del aparato de intercambio, habrían de permitir ajustar los parámetros para poder adecuar y compensar las diferentes situaciones climáticas a las que nos enfrontaremos en la ubicación de la nave. Y es en este paso donde debemos asesorarnos y realizar cuantas preguntas creamos necesarias al fabricante de los intercambiadores para tomar una decisión correcta.
Posiblemente una pequeña equivocación no repercute en mayor gravedad, pues mediante una buena caldera de calefacción o un buen ordenador de control ambiental con un suplemento de ventilación puede solucionar las pequeñas insuficiencias, pero en estos casos la rentabilidad ya no es la misma, aunque y debido al gran margen de rentabilidad que está demostrando el sistema hay un amplio recorrido y no se pone en entredicho.
Simplemente informando de la orientación de los vientos predominantes, y esto depende en primera instancia del propio avicultor, se puede realizar pequeñas reformas que eviten un mal o ineficaz funcionamiento del sistema.

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