Sin embargo, el factor determinante no es la temperatura del aire, sino la temperatura de la cáscara, que es un reflejo de la temperatura del embrión.
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Sin duda la temperatura es el factor más crítico en la incubación (Meijerhof, 2013). Distintos experimentos y resultados de campo demonstraron que diferencias de fracciones de grados centígrados en la temperatura influyen en el desarrollo embrionario (Romanoff, 1960), la eclodibilidad (Wilson, 1990), la calidad del ombligo (Lourens et al., 2005, 2007; Hulet et al., 2007) y el desempeño post eclosión (Foote, 2014). La temperatura durante la incubación incide en el peso de los órganos, el desarrollo del sistema cardiaco, los músculos y tendones (Oviedo-Rondón, 2014).
Sin embargo, el factor determinante no es la temperatura del aire, sino la temperatura de la cáscara, que es un reflejo de la temperatura del embrión.
Se considera que temperaturas de la cáscara entre 37,5 y 38,06°C (99,5 a 100,5°F) son excelentes para el desarrollo de los embriones (Oviedo-Rondón, 2014); según Cobb, las temperaturas ideales son de 100 a 100,5°F. Pol et al., 2014 indican que embriones mantenidos con una temperatura de cáscara muy alta durante la incubación (39,4°C), presentan menor longitud de tibia, fémur y metatarso. Presentan también peor score de ombligo, menor longitud corporal, menor peso, mayor yema residual y estómago, hígado y corazón más pequeños.
El desarrollo de la bursa (bolsa de Fabricio) y del timo se ven reducidos como consecuencia de las temperaturas elevadas (37,8 vs 38,8°C, 40,1-40,6°C en la cáscara, a 65 ± 2% de UR) durante la incubación (Oznurlu et al., 2010). Ese efecto se puede observar en los síntomas de inmunosupresión en pollitos de una semana. Las temperaturas elevadas de la cáscara durante la incubación (38.9°C) modifican el desarrollo del músculo cardiaco (Christensen et al., 2004b; Leksrisompong et al., 2007) y pueden ocasionar hipertrofia ventricular derecha y aumento de la mortalidad especialmente causada por ascitis (Molenaar et al., 2011).
Por otra parte, bajas temperaturas en la cáscara del huevo también provocan grandes pérdidas en el proceso de incubación (Hill, 2011). Las temperaduras bajas prolongan el tiempo de incubación, aumentando las mortalidades finales, generando pollitos retrasados, exceso de picotazos, además de pollitos con exceso de humedad, lo que no es deseable.
En la figura 2, podemos observar la curva de producción de calor del embrión a lo largo del proceso de incubación. Se nota que esa producción aumenta significativamente después de los 10 días de vida, alcanzando su punto máximo en el nacimiento, siendo los días 18-19 antes de la transferencia los períodos críticos de mantenimiento de la temperatura dentro de los parámetros deseados.

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