“El problema es que los materiales utilizados para fabricar el producto -‘líneas celulares inmortalizadas’- se replican para siempre, igual que el cáncer. Lo que significa, en efecto, que son cáncer. La industria “confía” en que el consumo de estos productos no supone ningún riesgo. Pero no es difícil entender que, aunque se haya “demostrado” que los productos son seguros, la gente se desanime al pensar que está comiendo un tumor glorificado”, indica Fassler.












































